Apuntes, 19 de julio de 2012

Creo que hacemos bien en alargar todo lo posible los momentos de frivolidad, esos minutos inofensivos en que nos probamos ropa en una tienda o en que pensamos en el desayuno de un hotel. Y es que tarde o temprano regresará lo trascendente, seguirá en cierto modo el argumento de la vida, y tendremos que ponernos serios de nuevo. Quizá por eso Windham Lewis escribió: “Dadme lo superficial, lo externo de las cosas”. Y a lo mejor también por eso Albert Camus se quedaba mucho rato mirando las chaquetas de ante en los escaparates.

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