Apuntes, 12 de agosto de 2012

En Los hijos de los días, de Eduardo Galeano, hay una ausencia saludable del Yo. El lector se espera un diario personal lleno de anotaciones cotidianas, pero el autor le sorprende con un calendario universal hecho a base de hitos históricos y hazañas de personajes de toda clase. Y lo interesante es que, a través de ese testimonio diario, de esa remisión a las proezas y a las batallas libradas por otros, Galeano se retrata de algún modo a sí mismo. Cada día de su libro es una evocación merecida de cosas que han sucedido en otros tiempos, en otras culturas, en otros lugares, de luchas y acontecimientos que empezaron siendo pequeños y que luego se han vuelto importantes. Galeano nos los trae por escrito y así nos recuerda que todo eso tiene que ver con él y con nosotros, que no seríamos nada sin lo que fue ni lo que vendrá.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: