Apuntes, 30 de agosto de 2012

Nuestra identidad es mucho más precaria de lo que creemos. Hay temporadas en que nos vemos obligados a renovarla cada día, a construirla otra vez sin instrucciones. Son ocasiones en que fracasa de golpe nuestra forma de ver las cosas, se desploma como un valor en bolsa nuestra manera de actuar. Entonces no nos sirve de nada haber sido un tipo de persona concreta durante mucho tiempo, habernos caracterizado por unos u otros rasgos. Entonces no nos queda más remedio que salir a la calle y volver a intentar ser alguien desde el principio.

En Vernehmungsprotokolle, el libro donde reproduce los interrogatorios de la Stasi a los que fue sometido en una cárcel de Berlín Este, Jürgen Fuchs recuerda cómo en cada sesión el agente fingía no conocerle, haberse olvidado de él completamente, y volvía a preguntar por su nombre como en una presentación que no terminara nunca.

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