Apuntes, 3 de enero de 2013

En el mejor de los casos, la vida es una incorporación paulatina de sensibilidades, de empatías, más que de conocimientos. Cada año haríamos bien en sumar un nuevo interfaz hacia seres vivos u objetos inanimados con los que hasta ese momento no hayamos tenido comunicación, a los que no hayamos comprendido hasta entonces. De esa forma, al resto de diálogos que ya mantenemos podemos añadir otro con las piedras o con cualquier animal extraño cuyo código nos haya resultado siempre un enigma.

En Al faro, Virginia Woolf describe a un personaje destacando su comprensión hacia lo humilde, diciendo que había una rara luz en su corazón.

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