Apuntes, 28 de febrero de 2013

Es acertado tener deseos y planes, pero no por la esperanza de que algún día se conviertan en algo, sino por la propia satisfacción de verlos nacer.

En Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg escribe que, apenas vemos rotos los sueños, nos oprime la nostalgia por el tiempo en que bullían dentro de nosotros.

Artículo de opinión en Tribuna Abierta, Diario de Noticias de Navarra

En la tertulia radiofónica Así suenan los libros

Carta de San Valentín

Querida Laura:
Me gustas en los aviones. Verte junto a la ventanilla señalando cualquier cosa desde dentro. Me gusta que sigas emocionándote con algo que conoces, en un sitio adonde vas a menudo. Porque, si fueses una niña en su primer vuelo, sería normal la excitación. Pero tú ya has estado allí muchas veces y vuelves a alborozarte como al principio.
Es bonito contemplar a las personas queridas donde son felices. Con los jóvenes es fácil, no sólo porque para ellos casi todo es nuevo, sino porque, centrados en sí mismos como están siempre, no pierden oportunidad de recordarnos lo que desean.
Con los adultos es distinto. Con ellos hay que interpretar las palabras, descifrar los mensajes, ayudarles incluso a concretar lo que quieren. Por eso, haríamos bien en registrar el momento cuando llega, fotografiarles en los segundos dichosos para no olvidar nunca cómo son, en qué consisten y dónde suceden.
Ahora ya conozco el tuyo, Laura. Tu rato de felicidad tiene que ver con un avión. No es el vuelo en sí, sino los minutos previos al despegue y al aterrizaje. Te fascina volar, pero aún más dejar de tocar la tierra al ascender y el impacto contra ella al final del viaje. Yo veo cómo te agarras al asiento y sé que no lo haces por miedo, que lo aprietas para dominar la emoción. Sé que a bordo vives las cosas de otra forma y que te alegras de estar donde ocurren.
He pensado que podemos encontrarnos allí siempre que haga falta. Hacer de todo eso un espacio para los dos. Cuando nos hayamos cansado de trabajar, de pensar, de hablar, de pasear y busquemos algo distinto. Cuando no nos baste lo de hoy o lo de aquí y necesitemos unas horas que sean también un lugar. Cuando ya no nos gustemos abajo y queramos ser diferentes.
Y ahí arriba ni siquiera tendremos que cogernos la mano. Será suficiente con que nos pongamos cerca en la cabina, no muy lejos el uno del otro. Entonces, cuando el avión empiece a ganar altura, nos haremos una señal con la mirada y sentiremos lo mismo a la vez.

En Navarra Televisión recomendando una película

En la tertulia radiofónica Así suenan los libros

Encuentro de escritores con motivo del 5º Aniversario del Club de Lectura del Diario de Navarra

Artículo de colaboración en el Diario de Noticias de Navarra, 4 de febrero 2013

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.