Apuntes, 6 de marzo de 2013

En literatura, el punto de vista más certero a la hora de observar un conflicto, una situación o la vida de un colectivo es el que aporta el miembro más extraño dentro de él. Ocurre que el personaje teóricamente más incapacitado es a la postre quien consigue dar equilibrio al grupo convirtiéndose en una especie de referencia para todos.

En Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan cuenta cómo Tom, su tío materno con Síndrome de Down, acaba siendo no sólo el ídolo de la familia, sino su principal cimiento.

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