Relato publicado en la revista Pregón

Apuntes, 21 de diciembre de 2013

Si el hambre es un indicio de recuperación tras la enfermedad, el ego es síntoma de salud mental, anímica. Mientras nuestro ego se mantenga activo y potente, insolente y obstinado, gozaremos de una salud de hierro. Es cierto que a menudo, cabalgando sobre él como en una montura rebelde, avasallamos un poco a los demás, entramos en las habitaciones sin llamar y ocupamos casi todo el espacio, pero incluso entonces estará ocurriendo algo positivo.

En su Diario de otoño, Salvador Pániker escribe: Y he llegado a la conclusión de que un poco de ego tampoco es cosa tan perniciosa. Un poco de ego es como la sal, y ameniza las veladas.

Taller de relato, Civivox Pamplona, enero-marzo de 2014

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.