Apuntes, 27 de marzo de 2014

Quizá la muerte, la de los demás y la nuestra, se entienda mejor, se acepte de mejor talante si la contamos con palabras o expresiones sencillas como las de los buenos relatos. Entonces, describiéndola de ese modo, seremos capaces de verla necesaria, no exactamente feliz, pero sí natural como el ciclo de las estaciones.

En Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg escribe: En invierno nos dejaba algún viejo a causa de una pulmonía, las campanas de Santa María tocaban a muerto, y Domenico Orecchia, el carpintero, fabricaba la caja.

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