Apuntes, 25 de abril de 2014

Deberíamos desconfiar más del sentimiento, de los sentimientos, pero, sobre todo, de todos aquellos que presumen de sentimentales. Éstos, por el mero hecho de serlo, se creen en posesión de una cualidad especial. Olvidan que sentir tiene tan poco mérito como respirar, y, en el fondo, intentan compensar con abstracciones histéricas su incapacidad para la acción, su falta de voluntad para generar acciones positivas y omitir comportamientos deshonestos.
Sí, en cuanto nos descuidamos, esas personas se abalanzan sobre nosotros con su tinglado emocional, con su montón informe de emociones, igual que niños chorreando al salir de la bañera.

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