Apuntes, 19 de agosto, 2014

Hermann Hesse escribe: En el artista, la estética sustituye a la moral.

Y es cierto que en el caso del escritor se da una permanente falta de escrúpulos que le lleva a sacrificarlo todo por una buena página, por una rima sublime, por un relato de calidad. En ese contexto, sumido en su labor creativa, el escritor es un ser despiadado, frívolo, insensible a todo lo que no sea la palabra, el lenguaje y su posibilidad emocionante.

Se habla de las imposiciones y exigencias de la moral, del imperio de principios dogmáticos bajo el que viven muchas personas en su obsesión por distinguir el bien del mal, y sin embargo no es menos represivo el régimen establecido por la estética ni menos humillante la esclavitud a la que puede someternos nuestra búsqueda incondicional de la belleza.

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Apuntes, 2 de agosto de 2014

Necesitamos a las personas insensibles y frías. Sería imposible prosperar sin su ayuda, hacerse cargo de los enfermos, discapacitados, depresivos o de los afectados por cualquier limitación o debilidad. Gracias a su manera antidramática, “desdramatizada” de afrontar las cosas, los sucesos, las adversidades, podemos gestionar todas esas situaciones y salir airosos de ellas. Porque, además de la capacidad que tienen los insensibles de reaccionar y actuar con calma, compensan en cierto modo la avalancha histérica de los “trágicos”, su aportación melodramática llena de llanto prematuro, de malos augurios y, sobre todo, de un morbo especial por todo lo que sale mal, por los desenlaces que se tuercen.

En Die Ausgewanderten, el libro de relatos de W.G. Sebald, la mirada serena y distante del Yo-Narrador permite trasladar al lector la emoción literaria de esas cuatro historias dolorosas, conmoverle sin necesidad de que el autor se inmute.

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