Anuncio de la presentación de Nosotros como esperanza en Huesca

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Apuntes, 21 de febrero, 2016

Una de las diferencias esenciales entre literatura y ficción popular es que la primera plantea preguntas, expone de una forma bella interrogantes sobre la vida y el ser humano, sobre nosotros y nuestra naturaleza contradictoria, mientras que la segunda insiste en resolver tramas, en desanudar entuertos que no nos incumben en absoluto.

En El punto ciego, Javier Cercas dice: Escribir una novela consiste en sumergirse en un enigma para volverlo irresoluble.

Carta de San Valentín 2016

Querida Selma:

Me gusta cuando nos sentamos juntos en la cocina. Ahora que tenemos muebles nuevos, es un placer estar ahí. Ahora la mesa ya no se mueve, no hay que calzarla como antes. Podemos apoyar los brazos en la madera sin que pierda el equilibrio. Ahora que ya no hay cajones, podemos meter las piernas sin que rocen con ellos. Ahora que hay espacio suficiente, ya no tropezamos con nada. Ahora que ya no hay separación, podemos alargar nuestros pies y dejar que se toquen por debajo.

Hay veces en que llego de noche y veo la luz encendida. Desde la pequeña cuesta que hay delante de casa, distingo la ventana y a ti más allá del cristal. Podría apresurarme hacia la puerta y, sin embargo, no me importa continuar unos segundos arriba. Si no llueve ni hace frío, me quedo un poco más donde estoy. Parado a unos metros de la entrada, levanto ligeramente la cabeza y te observo en silencio desde allí.

Me gusta cuando aún no has cenado, cuando has preferido esperarme. Sí, porque entonces sé que nos sentaremos uno enfrente de otro como siempre. Sé que no tendremos prisa por terminar, pues nadie nos estará reclamando en ningún sitio. Pondremos unos platos delante y será como un gran resplandor.

Hay veces en que me siento y dirijo la vista hacia fuera. En la calle ya está todo oscuro, pero yo imagino que hay alguien allí. Imagino que nos ve desde un punto elevado y que no se cansa de mirar. Le gusta ver una casa con su tejado y su chimenea. Le gusta ver un balcón de geranios y unas vigas asomando en la piedra. Le gusta ver luz detrás de una ventana y a nosotros viviendo dentro.

Y si esa persona se acercara un poco, seguiría la escena de la cocina hasta el final. Nos vería comiendo despacio. Nos vería levantar los vasos de vino y brindar por el día que se acaba. Nos vería hablar de las cosas para darles sentido y sonreír para quitarles importancia. Vería nuestros pies jugando como niños traviesos y nuestras manos cogidas encima de la mesa.

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