50ª Entrada del blog Estación de libros

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Portada de La pequeña llama del día

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49ª Entrada del blog Estación de libros

Carta de San Valentín 2017

Querida Patricia:

Me alegro de que hayamos plantado dos árboles en el jardín. Dos ciruelos parecidos de especies diferentes. Recuerdo que al principio nos costó cavar el hoyo, pero luego llegamos a una zona blanda y la pala entró sin dificultad. Cuando ya tuvimos los agujeros hechos, apartamos las hojas caídas, los gusanos y esas piedras pequeñas que entorpecen a las raíces. Entonces metimos los dos esquejes y los tapamos para que crecieran.

         Me gusta mirar hacia allí. Hacia la explanada donde se alzan President y Katinka. A veces, cuando estoy solo en casa, me quedo de pie al lado de la ventana del salón y me fijo en ese punto. Veo los dos árboles jóvenes rodeados de otros, prosperando entre los demás, y me calma sabiéndoles en su compañía. Sé que cuando sople el viento del sur, los manzanos serán como un escudo, una pantalla abierta para protegerles de lo que venga.

         Ahora que hay un cerco de madera a su alrededor, tampoco podrán molestarles las ovejas. Los días de primavera que entren al jardín, no podrán estropear el tallo con sus patas ni mordisquear los brotes que vayan saliendo. Seguirán pastando en nuestro terreno, trotando arriba y abajo del terraplén, pero no podrán comerse a los árboles. Tendrán que acostumbrarse a compartir el sitio con ellos, a tratarlos con cuidado como ya hacen con tus rosas.

         Qué alegría verlos uno al lado del otro. Con un poco de espacio entre los dos para que circule el aire, pero sin ningún obstáculo de por medio. Siempre que los miro, me pregunto cuánto tardarán en madurar, cuánto en echar frutos, cuánto en agarrarse con fuerza a la tierra. Ojalá se hagan duros y robustos como castaños. Ojalá tengan raíces resistentes como las higueras. Ojalá sus ramas se abran hacia el cielo como brazos de hombre. Ojalá su copa asome humilde y decidida como una flor.

         No sé cuantos años aguanta un ciruelo. No me importa que los nuestros nos sobrevivan. No, porque cuando hayamos muerto, ellos podrán continuar ahí. Seguirán en el mismo lugar, juntos y felices como tú y yo el día que los plantamos, y tendrán algo de nosotros.

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