Apuntes, 30 de enero de 2016

La virtud de un texto brillante es crear en el lector la sensación de saber leer muy bien, de estar haciéndolo con claridad y precisión, le lleva a creerse capaz de recitar lo que sea. Leyendo un fragmento bello, el lector se engrandece, se crece, tiene incluso la impresión sublime de estar escribiendo.

Así ocurre con Neruda en Jardín de invierno:

el hombre yo, el mortal, se fatigó/de ojos, de besos, de humo, de caminos/de libros más espesos que la tierra.

 

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Encuentro con el club de lectura de Ultzama en Larrainzar, 19 de enero 2016

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Anuncio del taller de escritura del Diario de Navarra, La palabra activa

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Anuncio del encuentro con el club de lectura de la Ultzama

Live in Library (Ultzama)

Apuntes, 9 de enero de 2016

En la nueva entrega de sus cuadernos, Diario del anciano averiado, Pániker admite que no es ni puede ser novelista porque no le impresionan los demás.

Es verdad que para escribir narrativa de ficción es necesaria una mezcla de asombro y curiosidad por los otros, por la vida de los otros. De esa combinación de sensaciones surge entonces la mitificación de suertes y destinos. Nuestra mirada distorsiona esas peripecias generalmente vulgares y, gracias al tono narrativo, las convierte en algo distinto capaz de conmovernos.

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